domingo, 22 de mayo de 2016

Modas saludables: el caso del mindfulness

Por Miguel Angel Fernández García

Todavía estaba saboreando las propuestas que nos hizo José Luis Bimbela, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública en la cuarta semana del Módulo de Promoción de la Salud, sobre el Modelo de Diagnóstico Conductual PRECEDE y las habilidades para cambios grupales e individuales, cuando, al inicio de la quinta semana, tuve la gran experiencia de vivir una jornada teórico-práctica de mindfulness con Carlos Belda, psicólogo del Observatorio de la Infancia de dicha institución.
Tengo que confesar que me encantan los temas de psicología y que los he trabajado duramente en muchas ocasiones tanto en mi actividad profesional como en mi vida personal. Soy especialista en Ergonomía y Psicosociología como rama del Master de Prevención de Riesgos Laborales, y eso me ha obligado a actualizarme en estas materias y a intentar aplicarlas en el ámbito de la Medicina del Trabajo.

    Mi reflexión arranca de las modas. Es evidente que hay modas saludables (o  salutogénicas, generadoras de salud) como hay modas que son malas para la salud (patogénicas). Entre las primeras estaría el mindfulness y de entre las segundas escojo por actuales ciertas adicciones a las nuevas tecnologías de la comunicación ( teléfono móvil, internet…). Las modas son efímeras  en esencia y por tanto impermanentes en el tiempo, lo que puede constituir desde la Salud Pública una suerte para las patogénicas y una desgracia para las saludables.

También es casi innecesario recordar que nuestra sociedad postmoderna occidental se rige cada vez más por la imagen y las apariencias (La era del vacío, El imperio de lo efímero, Gilles Lipovetsky), que en la vieja disyuntiva entre fondo y forma toma partido especialmente por esta última, que los códigos imitativos funcionan por contagio (como las emociones) y que estar a la moda se convierte en condición sine qua non para el triunfo y/o la aceptación social. Nuestra sociedad formada por ciudadanos de pensamiento light (El hombre light, Enrique Rojas) elige constantemente la música frente a la letra, el continente frente al contenido, el significante frente al significado (de los lingüistas), el cuerpo frente al alma (de los escolásticos) y en la vida cotidiana el sufrimiento frente al dolor.

    Esto viene a cuento porque cada día está más de moda el mindfulness como técnica de afrontamiento del estrés y otros muchos problemas psicopatológicos. Consistiría básicamente en aplicar de una forma utilitarista ciertas técnicas milenarias de la sabiduría oriental, en concreto del budismo theravada (la vía de los antiguos) y su meditación vipasana.  Esta meditación pretende un conocimiento mayor de la esencia del ser humano a través de la focalización de la mente en distintos objetos corporales o sensoriales. Por el contrario la meditación zen o zazen del budismo mahayana (el gran vehículo) se realiza sin objeto, sin focalizar la mente.

    Aunque he tenido alguna que otra experiencia con el mindfulness lo que realmente creo conocer bastante bien es la meditación zen (zazen), puesto que la llevo practicando desde hace años. Conozco a bastante gente que flirtea con el mindfulness y con el zen, pero ambos tomados como fenómeno de moda por lo que no llegan a incorporarlos a sus vidas mediante la creación de un hábito. Dicen que 21 días de entrenamiento son suficientes para crearlo. Otros propugnan 66 días. El método de Kabat-Zinn   habla de ocho semanas…

    Lo imprescindible para mí y creo que también para la Promoción de la Salud es transformar esa moda efímera saludable en un hábito permanente. Y ya sabemos que los vértices del triángulo de la creación de hábitos son Saber/Poder/Querer. De ellos resaltaría el Saber, porque en definitiva sólo se puede Querer aquello que comprendemos.

Aunque el mindfulness no entra en detalles ni se complica en conceptos o causas, yo considero innegociable aceptar unas premisas básicas de la filosofía oriental. Y éstas son que esencialmente no somos nuestra mente sino que más bien somos la consciencia que observa el pensamiento. Por tanto, situándonos en el papel del observador, los pensamientos no tienen más poder sobre nosotros que el que les queramos dar. Y ¿para qué? Pues básicamente para intentar contestar las ambiciosas preguntas repetidas una y otra vez en todas las culturas y en todos los sistemas filosóficos generación tras generación. A saber: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es su auténtica naturaleza? ¿Qué sentido tiene la vida?... Las escribo y me recorre por el cuerpo una extraña sensación de estar nombrando lo innombrable, de sacar a la palestra lo fundamental de toda existencia y de estar publicando sin pudor lo que sólo debe tratarse sotto voce. Pero permítaseme esta licencia.

    Hace tiempo, el neurocientífico Richard J. Davidson   creador del Centro para la Investigación de Mentes Saludables en la Universidad de Wisconsin verificó que la meditación provoca cambios significativos estructurales y funcionales en el cerebro en áreas asociadas con el bienestar y la felicidad. La evidencia científica constató, además, que un entrenamiento sistemático y regular puede mejorar directamente el funcionamiento de nuestro organismo y de nuestro cerebro. La ciencia puso así de manifiesto los beneficios que conlleva tras miles de años de práctica en Oriente y muchos menos tras su reciente asimilación por Occidente.

Por tanto, transformemos nuestras modas saludables en hábitos, recuperemos de nuevo esa parte amputada del hombre llamada espiritualidad que muchos filósofos y pensadores contemporáneos asocian al hastío y al sinsentido de la existencia humana. Puede que verifiquemos por nosotros mismos que “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional” ( Buda).
  1. Kabat-Zinn, J. (2003). Vivir con plenitud las crisis: cómo utilizar la sabiduría del cuerpo y de la mente para afrontar el estrés, el dolor y la enfermedad. Barcelona: Kairós.
  2. Davidson, R. J., Kabat-Zinn, J., Schumacher, J., Rosenkranz, M., Muller, D., Santorelli, S. F., ... Sheridan, J. F. (2003). Alterations in Brain and Immune Function Produced by Mindfulness Meditation. Psychosomatic Medicine, 65(4), 564-570. http://doi.org/10.1097/01.PSY.0000077505.67574.E3


1 comentario:

  1. Te felicito Miguel Angel por el post y te agradezco que nos ilustres con él. Creo que ya hay poco duda, si miramos las numerosas evidencias disponibles, de que la meditación es una práctica saludable como afirmas, no obstante hay distintas maneras de acercarse o comenzar a practicar la meditación y los cursos o talleres mindfulness son una de ellas. El formato de estos cursos está pensado para que personas que quizá nunca se acercarían a practicar meditación, lo hagan, bajo el pretexto de que es una práctica saludable o de que reduce el estrés. Cuando se hace uno de estos cursos o talleres que mencionas se trabajan también las actitudes para la práctica del mindfulness (no juicio, paciencia, mente de principiante, confianza, no sobreesfuerzo, aceptación y no apego) como dices, no es posible introducirse en una práctica real sin observar estas actitudes. Después de hacer un curso de mindfulness hay algunas personas que lo convierten en hábito, otras no, creo que pasa con todos los hábitos saludables, es más, diría que pasa con todos los hábitos de comportamiento. Gracias por el post, Promovamos la meditación como hábito saludable entre todos!

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